La ladrona de caramelos

Esa noche, Coché y yo habíamos ido a un tipo de bar al que casi nunca vamos; uno de esos a los que se supone que a la gente de nuestra edad le funciona para conocer chicas. Esto ocurrió hace dos años, un mes después de perder a mi novia, un mes antes de que me echen del departamento en el que vivía y en el momento exacto en el que el desempleo parecía una condición irreversible.

En ese espacio de tiempo en el que el contexto parecía el peor, le advertí a Coché que había tres chicas que nos miraban y que entre ellas creía que estaba Lali. Le dije que «lo «creía», pero la verdad es que estaba completamente convencido.

Lali realmente no se llama Lali, pero es la única forma en la que yo la conocía. Y si en todos estos años no había hecho esfuerzos por contactarla, es justamente porque de ella poco o nada supe sobre esos formalismos que empiezan apenas nacemos: como nuestro verdadero nombre, nuestro apellido o nuestra nacionalidad.

Un montón de veces había pensando en cómo sería reencontrarme con ella, lejos ya de ese rincón de la infancia en la que le dejaba robarme los caramelos, cuando nos escribíamos en notitas «a tí te quiero», sin sospechar todavía que el «ti» no se tilda.  

Y todas esas veces en las que había fantaseado con ese reencuentro, siempre lo hacía con la esperanza de sorprendernos en medio de una carcajada. No en una risa cortés, sino en una verdadera muestra de complicidad y naturalidad; e increparle entre bromas los caramelos robados y recordarle de nuestras charlas en el parque interrumpidas solo por el anochecer o por las carajeadas de alguna de nuestras madres.

Y después de todos esos años estaba allí, bailando entre sus amigas, sonrisa de oreja a oreja, con el cabello castaño hasta los hombros.

Y yo mucho no sabía qué decir, qué hacer. Y pensé que lo más pertinente era, llegado el momento, cuidarme de no decir ciertas cosas: procurar hacer a un lado el cinismo, la ansiedad y obviar por completo esos chistes idiotas que a Coché y a mí nos dan risa desde los 13 años. Pero al mismo tiempo tuve la ligera sospecha de que esas actitudes que pretendía ocultar, podían ser más bien el motivo de esa risa legítima, de esa carcajada cómplice que yo fantaseaba con inspirarle.

–No parece que te haya reconocido –me dijo de pronto Coché.  

Y en cierta medida era lógico: en más de 15 años no nos habíamos visto ni en una fotografía. Y a decir verdad, yo mismo estaba sorprendido de tener tanta certeza de que fuera ella. Eso mismo le expliqué a Coché y le dije que entonces la situación era mejor todavía, que quizá esas tres chicas nos miraban no porque creyeran conocernos, sino porque quizá por una milagrosa coincidencia gustaban de nosotros.

–Escucha… –me insistió Coché– no te ha reconocido y tampoco creo que sea lo que me dices.

Le dije a Coché que era un cobarde y, que si él no se animaba a acercarse, iría yo. Y pese a que Coché se rió, ambos sabíamos perfectamente que si yo daba tres o cuatro pasos adelante, Coché no me dejaría avanzar solo.

En ese momento, en el que había reunido todo el amor propio posible y estaba totalmente dispuesto a acercarme a Lali, Coché se adelantó. Me puso una mano en el hombro y me condujo de frente hacia las tres chicas. Todo lo que había fantaseado se empezaba a desgastar a pulso de nervios, hasta que Coché frenó y me obligó a mirar el entorno.

Ni Lali ni sus amigas nos habían seguido con la mirada. Si giraban la vista de rato en rato era solo para mirar en dirección al mismo sitio en el que habíamos estado nosotros, y lo hacían con algo menos de ansiedad. Coché me señaló la mesa que apenas segundos antes habíamos tenido a nuestras espaldas y me explicó la devastadora realidad: «Tan solo estábamos demasiado cerca de sus cosas», me dijo.

Sobre la mesa había casacas y bolsos de chica. Y en ese momento pude sentir cómo todo se desmoronó; y me sentí traicionado. ¿Sospechar de mí así, Lali?, pensé. Cuando tú eras la que me robaba los caramelos y yo tantas veces fui feliz de hacerme el tonto.

 

 

black-tshirtAlonso Mesía Macher
Lunes 28 de enero de 2018

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